¿Qué preferís?

Roy Perruquet, Vicesecretario del Department of Capillary Affairs británico anuncia que la Royal Mint ha externalizado la acuñación de monedas, de la que en adelante se encargará una empresa turca "de confianza".

🔴 Un equipo multidisciplinario de investigadores, bedeles y tunos de las universidades de Wolverhampton y Lovaina desentierra en un descampado de Getafe una tablilla de arcilla que lleva grabado con cálamo fino y en escritura cuneiforme este desconcertante mensaje:

En Mastodon sobran blocks, dogmatismos e incels y falta ecumenismo cervecero. Digo.

Lo de este tipo confirma la máxima spidermaniana de que un gran poder conlleva una gran responsabilidad.
No sé si llega a extraer todo el jugo a sus superpoderes.
vid.puffyan.us/watch?v=mJR6XSS

Cosas que no combinan bien: pizza con piña, paella con chorizo, Marcel Proust con Comic Sans...

Maldito seas, McCauley Flooring, se te ocurrió antes el nombre de empresa definitivo.

Ben Wolgut boosted

Anastasio Esnáider Sartorius había nacido para heredar la sastrería que su padre, Luis "Tijeritas" Esnáider, tenía en la avenida Federico Lacroze de Buenos Aires. Pero el rocanrol, slow train coming, lo atropelló, lastimó para siempre su músculo sartorio y lo incapacitó para languidecer cruzado de brazos y piernas y dar puntadas con hilo o sin él. Cambió, pues, Singer por Fender.

Hay que decir que Anastasio era un oxímoron musical: tan absoluto era su oído como completa su incapacidad de arrancar de un instrumento una nota afinada. No le valía que una guitarra eléctrica tuviera esas fronteras a las que llaman trastes: siempre las cruzaba sin pasaporte con los dedos y el resultado era una horrísona alarma metálica y antiaérea: apenas empezaba a tocar, volaban hacia él, certeros, misiles termodirigidos de todo tipo que casi siempre acababan acertando su zona caliente, la nariz.

Imagínense la frustración de nuestro Pipa Esnáider, capaz de percibir y distinguir hasta la centésima de hercio en una nota, ruiseñor paciente, urraca agente.

En fin, como quiera que el país delimitado por la distancia entre un traste y otro es demasiado estrecho en una guitarra, Esnáider trató de cabalgar las agrestes pampas del diapasón de un bajo, persiguiendo la figura inalcanzable de su ídolo de siempre, el gaucho Sting.

En 1981, fundó una banda, Llegó la Cana, y ese mismo año invirtió sus ahorros (más bien los de su padre, mal guardados) en grabar un álbum de diez pistas, tres de ellas instrumentales. Estas últimas fueron muy populares en Abu Ghraib y su versión bootleg aún sigue escuchándose en las mejores cárceles norcoreanas.

Esnáider veló varias noches con el propósito de purificarse y hallar su santo grial, un título que aunara sofisticación europea y gancho comercial. Creyó encontrarlo: Bocatta Patatta.

La trayectoria comercial de Bocatta Patatta fue breve: se vendieron tres copias, si por venta se entiende e incluye el hurto accidental que comete quien confunde un artículo con otro.

La vida no sonreía a Esnáider. No lograba triunfar. Sting no respondía sus cartas. La inspiración no llegaba.

Pasaron los años y llegó el fatídico 1985. The Police se había disuelto de facto si no de iure y Sting publicaba su primer álbum en solitario. El primero de junio, a eso de las diez y media de la mañana, Anastasio acudió trémulo a su tienda de discos favorita para comprar The Dream of the Blue Turtles.

No llegó a saber si el álbum entero habría sido de su gusto: mientras sonaba la primera canción, If You Love Somebody Set Them Free, Anastasio Esnáider Sartorius gritó (según consta en el atestado policial): "¡Te operaste la nariz, pelotudo!" y se clavó la hoja puntiaguda de unas grandes tijeras de sastre en el corazón.

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