Orígenes de la Histeria: Del Antiguo Egipto a Hoy
¿Qué es la histeria? La enfermedad mental más antigua de la historia
Si eres mujer y nunca te han llamado «histérica», ¿realmente has vivido la experiencia completa de ser mujer? Hoy nos sumergiremos en la historia de la histeria, un término tan cargado de significado que ha acompañado a las mujeres desde tiempos antiguos.
La histeria no es un invento moderno; de hecho, su historia se remonta a más de 4,000 años. Según el libro «Eso no venía en mi libro de historia de la Psicología», la histeria fue la enfermedad mental más duradera de la historia, desde los días del antiguo Egipto hasta 1950, cuando desapareció del manual de diagnóstico DSM-III.
Los orígenes: Egipto y la teoría del «útero rebelde»
En el antiguo Egipto, se creía que la histeria tenía una causa muy peculiar: el útero de la mujer. Según los médicos egipcios, este órgano era un «rebelde sin causa» que se desplazaba por el cuerpo, provocando síntomas como opresión en la garganta, ojos nublados, dolores musculares y una sensación generalizada de agotamiento que obligaba a las mujeres a quedarse en cama.
Pero los egipcios no se quedaban atrás en sus teorías curiosas. También pensaban que el útero estaba conectado con la boca a través de un canal vertical, como si el interior de la mujer fuera una especie de pirámide. Este concepto dio lugar a un diagnóstico muy particular:
La prueba diagnóstica del ajo
Para comprobar si una mujer era fértil, los egipcios introducían un diente de ajo en la vagina y lo dejaban durante toda la noche. A la mañana siguiente, evaluaban si la boca de la mujer olía a ajo.
- Si el olor estaba presente, significaba que el canal interno no estaba obstruido, y la mujer podía tener hijos.
- Si no había olor, esto indicaba que el «conducto» estaba bloqueado, lo que afectaba su fertilidad.
Hipócrates y su visión sobre la histeria
La brillante pero infundada idea de los médicos egipcios sobre el útero fue adoptada por los griegos, incluyendo a Hipócrates, considerado el padre de la medicina.
Hipócrates copia a los egipcios: lo mejor es casarse
Según los médicos egipcios, el problema más grave ocurría cuando el canal interior de la mujer estaba completamente taponado, haciendo que el útero subiera y se quedara atascado, oprimiendo el pecho y causando angustia, convulsiones y dificultad para respirar.
Hipócrates, al igual que otros médicos griegos como Galeno, adoptó esta teoría y fue más allá. Notó que las convulsiones provocadas por el útero eran diferentes a las de la epilepsia y recomendó un tratamiento bastante directo: casarse y tener relaciones sexuales. Según su lógica, este remedio permitiría que el útero permaneciera en su lugar y las mujeres estuvieran en «equilibrio».
Platón y el «útero animal»
Platón, por su parte, ofreció una explicación que plasmó en El Timeo. Según él, el útero era un animal que habitaba dentro de la mujer, deseoso de tener hijos. Si no se cumplía este deseo después de la pubertad, el útero se llenaba de rabia y comenzaba a «rebotar» por todo el cuerpo, causando una gran variedad de síntomas que conformaban la histeria.
Los griegos y el significado de «histeria»
El término «histeria» proviene del griego hystera, que significa «útero». Los antiguos griegos compartían la creencia egipcia de que el útero era el responsable de esta condición, considerándola exclusiva de las mujeres.
Esta visión de la histeria no solo refleja una comprensión rudimentaria del cuerpo humano, sino también una percepción profundamente cultural de la mujer como un enigma. De hecho, una de las preguntas fundamentales que rodean a la histeria, según el libro, es: «¿Qué es ser una mujer?».
La desmitificación del vibrador como uso terapéutico
A partir de la publicación del libro La tecnología del orgasmo, de Rachel Maines, se ha difundido la idea de que los masajes en el clítoris eran una práctica habitual de la medicina victoriana. Cientos de páginas en internet han reproducido este relato, que ha acabado desembarcando en muchos libros y artículos con membrete científico.
La hipótesis vibratoria afirma que estos médicos y mujeres del siglo XIX desconocían la función placentera del clítoris y, por consiguiente, las mujeres acudían a la consulta sin mala conciencia. El marido esperaba en la salita mientras el médico producía a la mujer histérica un orgasmo por vía digital.
Se ha divulgado, incluso, que un pobre médico inglés, con el brazo lesionado, tuvo que inventar un aparato vibratorio que estimulara mecánicamente los clítoris y, con ello, se aseguraba sus ingresos sin necesidad de derivar a otros a sus pacientes. Por sí solo, se supone que el aparato podía dar abasto con la dura y aburrida labor de amasar clítoris, por mucho que aumentase la demanda.
Sin embargo, estas historias, algo deformadas, podrían acabar conformando una leyenda urbana. En su génesis, tiene mucha similitud con el nacimiento de una leyenda negra o, en este caso, verde. En realidad, según los textos de la época, tales prácticas nunca formaron parte de la medicina victoriana ortodoxa. Esto significa que es falso que el médico que curaba la histeria inventara el vibrador para facilitar su trabajo.
¿Cómo desapareció la histeria?
El fin de la histeria como diagnóstico médico llegó en la década de 1950, con los cambios introducidos en el manual DSM-III. Aunque dejó de considerarse una enfermedad, su legado cultural sigue presente, especialmente en cómo la sociedad continúa utilizando el término para desacreditar y menospreciar las emociones de las mujeres.
Reflexión final
Desde úteros «rebeldes» hasta pruebas con ajos, diagnósticos que aconsejaban el matrimonio y la desmitificación del vibrador como herramienta médica, la historia de la histeria nos recuerda cómo las interpretaciones culturales y médicas del cuerpo femenino han moldeado la percepción de las mujeres a lo largo de los siglos.
Hoy aprendimos algo más: cuando alguien llama «histérica» a una mujer, en el vocabulario vulgar no está muy lejos de decir que está «mal cog…da». Ambas expresiones comparten una carga cultural machista que busca descalificar las emociones femeninas, reduciéndolas a algo que supuestamente debe ser «corregido».
¿Te han llamado «histérica» alguna vez? Quizás sea hora de reclamar y resignificar el término.